El Alcázar de Segovia


El Alcázar de Segovia

El Alcázar de Segovia está emplazado en la confluencia de los ríos Clamores y Eresma, se adapta a la roca sobre la que se eleva, formando más o menos un rectángulo acabado en punta, como la proa de un gran barco. Desde aquí, se observa una estupenda vista de la Iglesia de la Vera Cruz, de la localidad de Zamarramala y del Monasterio del Parral.

El origen data de un antiguo castro celta, que poblaron la colina donde hoy se encuentra el casco antiguo de Segovia. Los romanos adaptarón esta fortificación, aunque sería completamente abandonada entre los siglos IX y XI con la invasión árabe.

La repoblación de Segovia comenzó entre finales del siglo XI y principios del siglo XII. Con ella la prosperidad llegó a la ciudad y gracias a ello la construcción del Alcázar sobre las ruinas de la antigua fortificación.

Felipe II ordenó rehacer las cubiertas de las torres con pizarra y sus almenas permiten la entrada de un poco de luz, dándole el aspecto de “castillo de cuento” que actualmente presenta.

Este Palacio-Castillo fue marco espléndido de transcendentales efemérides tales como: la celebración de las Cortes Generales en varias ocasiones; el memorable momento en que Isabel la Católica salió de su recinto para ser coronada reina de Castilla (1474); las bodas de Felipe II con Ana de Austria (1570), y otras muchas. En 1764 Carlos III destinó el Alcázar a Academia de Artillería.

En 1862 un incendio destruyó gran parte del Castillo. Las obras de restauración se terminaron en 1890 y en él se instaló el Archivo General Militar del Reino, que aún permanece.


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